lunes, 16 de febrero de 2015

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Creo en el amor

Creo que es verdad que, con cada tropiezo amoroso, vamos creando una coraza más grande y nos volvemos más selectivas, más desconfiadas y más realistas. Y quizás eso no sea tan malo, siempre y cuando no dejemos de creer en el amor. A mis 29 años, ya no me cuesta ni me da pena aceptar que creo ciegamente en el amor (aunque ya no me enamore al estilo Gloria Trevi). Ya no me voy de boca con las primeras apariencias pensando que es amor a primera vista, ahora me tomo mi tiempo para conocer a la otra persona y saber si realmente tengo algo que aportar a su vida, si ambos nos hacemos un bien. Tampoco creo en la teoría esa de la media naranja, ni creo que haya un hombre incompleto buscándome por ahí. Creo que la vida es muy cortita y no podemos darnos el lujo de ponerla en espera hasta que llegue “el gran amor”.
Creo en el amor para siempre y he aprendido que no necesariamente tiene que venir de la pareja. Las enseñanzas que nos deja cada persona que pasa por nuestra vida son eternas y, aunque a muchos no los volvamos a ver, el cariño sigue ahí. Es bien cierto eso de que el amor no se destruye, sólo se transforma. El intenso amor pasional que alguna vez sentí por mis exparejas, ahora es un cariño agradecido y, en muchos casos, se ha convertido en amistad.
Porque de los errores se aprende, y así empezamos a distinguir lo que es sólo pasión de lo que es algo más profundo, lo que es un compañero de lo que es dependencia, lo que es amor de lo que es sólo capricho. Besando sapos aprendemos a identificar lo que vale la pena de lo que no y, de paso, vamos añadiendo buenas historias que seguro le iluminarán el día a alguien. Si no funciona, seguro te enseña algo y ya con eso deja de ser pérdida de tiempo.
Creo en el amor con todas mis fuerzas. CREO porque sólo así podemos manifestarlo, no es casualidad que la palabra creer y crear sean tan parecidas. Creo en ese amor que nos hace sentir que la vida es más bonita, que nos reta, que nos saca de nuestra zona de confort y nos hace crecer. El amor que hace que nos tiemblen las rodillas, que nos brillen los ojitos y se nos agite el corazón cuando estamos cerca de él. Ese amor que se siente tan delicioso como encontrar dinero perdido en la bolsa de un saco, como despertar un lunes y darte cuenta que aún quedan 3 horas para dormir. Ese amor que nos viene a recordar que somos vulnerables, que todo es mejor si se comparte. El amor que a veces nos saca de quicio y que no es perfecto para todo el mundo pero sí para nosotras. Ese amor que llega a sacudirnos la vida completa y que nos hace dudar si las veces anteriores realmente fue amor…}
Ponle amor,
La Chica Bien