jueves, 18 de diciembre de 2014

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Miedo al compromiso

Mi nombre es Pamela Salas y padezco del síndrome de la novia fugitiva, es decir, le tengo miedo al compromiso. Y no me malinterpreten, esto no es algo de lo que me sienta orgullosa o ande por ahí contándole a cualquiera. Se los platico así, directo, porque pienso que no soy la única y porque tengo la esperanza de que mis confesiones le puedan ayudar a alguien más.
No siempre supe que tenía este miedo, de hecho, soy la típica a la que le encanta enamorarse, que cree que la vida es más bonita estando en pareja y que suspira soñando con el “felices por siempre”. Sin embargo, mis acciones demuestran lo contrario. El miedo al compromiso me ha llevado a cometer bastantes peripecias, como huir de hombres geniales, lastimarlos o fijarme en amores imposibles.

Supongo que todo empezó cuando salí de una relación que me dejó prácticamente atropellada y, alguna parte de mí, estableció el juramento de que no quería volver a sufrir. Fue entonces cuando, sin darme cuenta, me cerré y empecé a involucrarme sólo en relaciones superficiales que no representaban un riesgo. Comencé con un chico lindísimo, que tenía todas las cualidades que yo siempre he buscado, pero, como suele suceder, timing is a bitch. Él se esforzaba por ser paciente y entender mi necesidad de espacio cada vez que nos volvíamos más cercanos. Eventualmente, terminó por cansarse de esta dinámica y se consiguió a alguien más estable. Yo quería quererlo, pero había algo que no me dejaba tener los pies en el mismo sitio.
Hablando con mis amigos y analizando mis propias actitudes, he descubierto que el miedo al compromiso no es tan fácil identificar. Sin embargo, creo que si existiera alguna lista de síntomas, serían estos:
1. Fijarte en personas no disponibles.
Te la pasas diciendo que quieres un novio y una relación seria peeeeero, por alguna razón, tienes un imán para atraer tipos con novia, esposa o cualquier tipo de compromiso, los workaholics, los ocupadísimos (aquí aplican los estudiantes, particularmente de medicina), hombres con sexualidad dudosa (gays de closet), hombres que viven en otro país o que claramente no tienen ningún interés en ti o en formalizar la relación. En esta categoría también aplican los chavitos; aunque no tiene nada de malo salir con hombres menores, es difícil que tengan los mismos intereses.
Como ya les he contado antes, atraemos lo que somos: si tenemos miedo a comprometernos, la vida nos seguirá mandando personas que tampoco están listas para hacerlo.
2. Creer que existe el hombre perfecto.
En estos tiempos de Tinder y redes sociales, donde cada vez tenemos más opciones, es común que se nos dificulte decidirnos. El miedo al compromiso nos hace poner una lupa que magnifica los defectos de nuestra pareja. Nos hace pensar que el pasto siempre es más verde del otro lado y, entonces, nos cuesta apagar velitas y cerrar puertas. Está bien el deseo de no conformarnos con lo primero que se nos atraviese. El problema viene cuando ignoramos el buen hombre que tenemos en frente por estar esperando al príncipe azul. Chicas, el hombre que cumple con todos y cada uno de nuestros requisitos, no existe. Si existiera un Santa Claus que pudiera mandarnos todo lo que deseamos, se perdería el encanto.
3. No sentirnos merecedoras.
Sé que suena a cliché pero es muy cierto que aceptamos el amor que creemos merecer. Para amar a otros, debemos primero amarnos a nosotras mismas. Sin embargo, cuando sentimos que no valemos lo suficiente para tener una relación sana, nos cerramos. Incluso nos cuesta recibir cumplidos o detalles. Pensamos que los hombres tienen intenciones ocultas para estar interesados en nosotras, siendo que somos NOSOTRAS quienes debemos cambiar nuestra percepción
4. Miedo y más miedo.
Cuando estamos con alguien, nos volvemos vulnerables. Corremos el riesgo de que la otra persona nos decepcione, nos deje de querer o, simplemente, nos abandone, y esto, para muchas, es razón suficiente para huir. Otro miedo puede ser el de perdernos en una relación. A mí, por ejemplo, me pasa un poco lo que dice Elizabeth Gilbert: no entiendo de cosas a medias. Cuando estoy en una relación me entrego completa y entonces “desaparezco en la persona que amo… si te amo, te entrego todo: mi tiempo, mi cuerpo, mi dinero, mi perro, el dinero de mi perro y proyectaré en ti muchas cualidades que nunca existieron”.
El resultado es terminamos exhaustas y, como la misma autora lo dice, la única solución es involucrarnos con alguien más. Así, continuamos en ese ciclo vicioso, saltando de una relación a otra.
En conclusión, ya es hora de que dejemos de pensar que los hombres son los únicos que temen sentar cabeza. Darnos cuenta de que tenemos miedo es el primer paso para poder hacer algo al respecto. Enfrenta tu miedo y date una oportunidad, después de todo, <<amar significa quedarse cuando todas las células gritan “¡echa a correr!”>> (Clarissa Pinkola Estes).
Ponle amor,
La Chica Bien