miércoles, 3 de septiembre de 2014

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Aprender a recibir



Soy de las que no tienen ningún problema admitiendo que otra mujer es guapa o talentosa. No me cuesta hacer cumplidos  y soy capaz de decirle a la  gente lo que siento sin miedo a parecer intensa. Si un amigo o familiar me necesita, ahí voy a estar para ayudarle… pero cuando se trata de recibir es una historia completamente distinta…
Soy la chica que contesta: “No, para nada. De hecho estoy súper ciega y el ojo izquierdo lo tengo más abierto que el otro”, si es que alguien le dice que tiene bonitos ojos. Si alguien me dice que me veo bonita, respondo por ejemplo que me acaba de salir un grano y que el cabello lo traigo más esponjado que de costumbre o que estoy hinchada porque la noche anterior dormí demasiado. No importa lo que me digan, parece que siempre tengo un argumento para quitarle validez a los cumplidos que me dan. Lo mismo me pasa cuando se trata de recibir ayuda, soy la que va por el súper casi tirando los plátanos y la leche y se rehúsa a decir que sí, si le ofrecen un carrito o cargarle las cosas.
Algo parecido ocurre cuando mi jefe o algún amigo me agradece por lo que hago, normalmente contesto que no es nada o que cualquiera pudo haberlo hecho. Y bueno, la lista es extensa…Me puse a pensar y quizás detrás de todo esto, hay una parte de mí que no se siente suficiente. Suena fuerte pero es así.
Y esto quizás es porque recibir tiene que ver con la vulnerabilidad. Cuando damos, nos sentimos en control. Cuando recibimos, de cierta forma estamos reafirmando la idea de que necesitamos de los demás. Y eso no tiene nada de malo, al contrario. Continuar recibiendo me hace sentir dependiente y yo que suelo dármelas de “mujer maravilla”, procuro evitar este tipo de situaciones. A mis 28 años me ha costado mucho aceptar que es importante para mi estar con un hombre que entre otras cosas, me haga sentir protegida y segura. Siempre pensé que dar es mejor que recibir pero la verdad es que con el paso del tiempo he entendido que debe existir un equilibrio. Dar y recibir son igual de necesarios. Cuando le permites a alguien hacer algo por ti, también le estás dando un regalo: le haces sentir importante.

¿Y qué sucede cuando esta incapacidad de recibir ocurre también en la cama? Para responder esta pregunta consulté a la sexóloga Betsy Reuss y esto fue lo que me contó:
"Hablando de las mujeres que se dedican a dar y no saben recibir, tiene que ver con una cuestión de género. Las mujeres en nuestra sociedad hemos sido educadas para servir, servir a nuestros padres, para después casarnos y servir a nuestra pareja, y morimos sirviendo a nuestros hijos, y aunque muchas tratamos de cambiar esto en nosotras mismas, son cosas que están tatuadas en nuestra cultura y es complicado dejar de hacer muchas de ellas. Si analizas todas las cosas que haces, encontrarás por lo menos algunas de ellas en donde lo que haces lo haces por otros y no tanto por ti.
Algunas mujeres no se dan cuenta de esto o lo saben pero así es como les gusta vivir, lo cual no tiene nada de malo, el problema es cuando esta necesidad de dar les impide recibir algo a cambio, tal vez porque no sienten que lo merezcan.
En la cama probablemente son mujeres que pocas veces o tal vez nunca han tenido un orgasmo, porque al estar concentradas en complacer a su pareja se olvidan de ellas mismas y cuando él termina, por supuesto que no pueden decir “todavía falto yo”.
En estas situaciones lo que se necesita es educar a la mujer en que también puede disfrutar y recibir placer de su pareja, incluso por el lado de que permitiendo esto también está satisfaciendo a su pareja porque al verla disfrutar también él disfruta.
Es una tarea difícil porque lo tenemos tatuado de muchas generaciones atrás y toda la sociedad diciéndonos que así es como “debe de ser” pero no por esto vamos a dejar de escribir artículos y de hablar de estos temas, tal vez alguna de las muchísimas mujeres que viven de esta manera reaccionen y se permitan recibir."


Así que les propongo un par de ejercicios para ejercitar nuestra apertura a recibir:
-“Soy suficiente.” (Repetir tantas veces sea necesario)
-Cuando alguien te diga un cumplido, en vez de intentar convencerlos de que no es verdad, simplemente sonríe y da las GRACIAS.
-Si alguien te da algún regalo, no intentes de inmediato devolverle el detalle sólo por compromiso. Haz lo que te nazca, no por obligación.
-Convierte en tu mantra la frase: “Estoy abierta a dar y recibir amor.”

Y por último se paciente contigo misma, recuerda que Roma no se construyó en un día y muchas de estas cosas están bien arraigadas, así que poquito a poquito.

Para más información sobre Betsy: 
Twitter: @betsy_r2
Facebook: Sexóloga Betsy Reuss


Ponle amor,

La Chica Bien